El 1986 fue un año trascendental para el Club Querétaro, ya que logró ascender a la Primera División de México, un objetivo que había sido el sueño de la afición y la directiva por años. Después de una temporada impresionante en la Liga de Ascenso, donde Los Gallos Blancos mostraron un juego sólido y convincente, el equipo se encontró en la posición ideal para obtener el codiciado ascenso. La victoria en el partido decisivo, celebrado en el Estadio Corregidora, reunió a miles de aficionados que no podían contener su emoción frente a un logro que prometía cambiar el rumbo del club.
El impacto de este ascenso fue inmediato. Querétaro se consolidó como un nuevo competidor en la Primera División, y la afición se volcó en apoyo al equipo que había demostrado su valentía y determinación en la cancha. Con jugadores que se convirtieron en leyendas locales, como Antonio “La Tota” Carbajal, el equipo no solo se ganó el respeto de sus rivales, sino que también se convirtió en un símbolo de esperanza para la ciudad de Querétaro. La alegría y el orgullo de la afición se sentían en cada rincón de la ciudad, donde los colores blanco y negro se convirtieron en un emblema de unidad y pasión.
Aquel ascenso no solo fue un éxito deportivo; fue un fenómeno social que unió a la comunidad. Las familias se reunían en torno a la televisión para ver los partidos, y el Estadio Corregidora se llenaba de cánticos y aplausos, convirtiéndose en un verdadero fortín para Los Gallos Blancos. Este fervor por el fútbol se tradujo en un aumento en la asistencia a los partidos, en la compra de productos del equipo, y en la creación de una cultura futbolística que perdura hasta el día de hoy.
Sin embargo, el camino no estuvo exento de desafíos. A pesar de la euforia inicial, el equipo enfrentó dificultades en su primera temporada en la máxima categoría, luchando por mantenerse en la división. Pero esa lucha solo fortaleció el vínculo entre el equipo y su afición, que continuó apoyando a Los Gallos Blancos en los momentos difíciles, recordando siempre aquel momento glorioso de 1986.
Hoy en día, el legado de aquel ascenso sigue vivo en los corazones de los aficionados de Querétaro. Es un recordatorio de que, a pesar de los altibajos, el espíritu de lucha y la pasión por el deporte son inquebrantables. Los Gallos Blancos, ahora conocidos no solo por su historia de éxitos y fracasos, sino también por su capacidad de superar obstáculos, continúan siendo una parte integral de la identidad de la ciudad y del fútbol mexicano.
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