La temporada 2000 fue un año memorable para el Club Querétaro, un periodo en el que el equipo, conocido como Los Gallos Blancos, comenzó a cimentar su lugar en la historia del fútbol mexicano. Después de un tiempo complicado en la década de los 90, donde el club enfrentó descensos y problemas financieros, la llegada de nuevos jugadores y un cuerpo técnico renovado traería consigo un nuevo aire.

Bajo la dirección del entrenador Mario Carrillo, el equipo se enfocó en un juego ofensivo que capturó la atención de la afición queretana. La plantilla contaba con figuras como el delantero Manuel Negrete, un ícono del fútbol mexicano, quien regresó al club tras su paso por el extranjero y se convirtió en el eje del ataque. Su habilidad para marcar goles y su experiencia fueron cruciales para el renacer del equipo.

El Estadio Corregidora, hogar de Los Gallos, se llenó de entusiasmo y esperanza. La afición, conocida por su lealtad inquebrantable, comenzó a soñar nuevamente con días de gloria. Cada partido era una celebración, y los seguidores, vestidos de blanco y negro, apoyaban a su equipo con un fervor que resonaba en todo Querétaro.

A lo largo de la temporada, Querétaro mostró un rendimiento destacado, logrando clasificar a la fase de liguilla. Aunque el equipo no llegó a la final, la experiencia adquirida y el sentido de unidad entre los jugadores y la afición sentaron las bases para el futuro. Este resurgimiento fue un testamento de la perseverancia y la pasión que caracteriza a Los Gallos Blancos, dejando claro que el club estaba listo para competir al más alto nivel.

La temporada 2000 no solo fue un capítulo significativo en la historia de Querétaro, sino que también revitalizó la identidad del equipo. A partir de ese momento, Los Gallos Blancos continuaron construyendo sobre esta base sólida, avanzando en su búsqueda de éxito en la Liga MX, mientras que su afición seguía siendo el alma del club, apoyando a su equipo en cada paso del camino.